Domingo III de Cuaresma (A) (19 marzo 2017)

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Jesús y la Samaritana (Jn 4: 4-45)

El evangelio de hoy nos cuenta el encuentro de Jesús con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob. Los apóstoles habían ido a un poblado cercano para comprar algo de comida. Jesús, cansado del camino, se quedó junto al brocal del pozo de Jacob.

En esto que llega una mujer samaritana a buscar agua. Eran como las doce del mediodía. Jesús, sediento, le pide agua. La mujer samaritana se extraña de que un judío hable con un samaritano (entre ellos no se hablaban). Para Jesús no hay extraños ni enemigos. Esta mujer era pecadora; pero Jesús se acercó a ella para ayudarle a salir de su pecado.

Jesús le pide a la samaritana agua para calmar la sed y le ofrece a cambio un “agua viva” que le calmará “la sed” para siempre. Pero para poderle dar esa agua viva hay un obstáculo, la mujer vivía en pecado, había tenido cinco maridos, y con el hombre con el que ahora vivía no estaba casada. Jesús se lo hace saber. A través de estas palabras, la mujer le reconoce como profeta. La mujer dice que el pueblo estaba esperando la inminente llegada del Mesías. Jesús le responde diciendo que Él es el Mesías esperado.

Acabada la conversación inicial, la mujer se volvió a su pueblo proclamando que había visto al Mesías. Cuando la oyeron, muchos fueron al pozo para ver y escuchar a Jesús. El evangelio nos dice que muchos samaritanos creyeron en Jesús por la palabra de la mujer.

Sólo Jesús tiene el “agua” que puede calmar nuestra sed para siempre. El hombre anda buscando la felicidad. Muchas veces la busca en los placeres, las cosas materiales, el poder…, pero nada de ello es capaz de calmar sus ansias. Hasta que el hombre no prueba “el agua de Dios” (la gracia) no se da cuenta de cuánto ha perdido. ¡Cuántas personas viven toda su vida sin haber gozado de otra cosa que de lo material! ¡Cuántas personas viven sin haber intimado nunca con Dios! Hay incluso muchos cristianos que van a Misa, reciben con frecuencia los sacramentos, rezan…, pero nunca han sido capaces de dar un paso más y ser realmente amigos de Jesús. Para ellos, Jesús es algo más en su vida; pero no es “su vida”.

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