• Home
  • Parroquia
  • Domingos y Festivos

XIX Domingo del T.O. (A) (13 agosto 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.25 (4 Votes)

JESÚS CAMINA SOBRE LAS AGUAS-1 Copiar

Jesús camina sobre las aguas
(Mt 14: 22-33)

"Y enseguida Jesús mandó a los discípulos que subieran a la barca y que se adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedirla, subió al monte a orar a solas. Cuando se hizo de noche seguía él solo allí. Mientras tanto, la barca ya se había alejado de tierra muchos estadios, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario. En la cuarta vigilia de la noche vino hacia ellos caminando sobre el mar. Cuando le vieron los discípulos andando sobre el mar, se asustaron y dijeron: —¡Es un fantasma! —y llenos de miedo empezaron a gritar. Pero al instante Jesús les habló: —Tened confianza, soy yo, no tengáis miedo. Entonces Pedro le respondió: —Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. —Ven —le dijo él. Y Pedro se bajó de la barca y comenzó a andar sobre las aguas en dirección a Jesús. Pero al ver que el viento era muy fuerte se atemorizó y, al empezar a hundirse, se puso a gritar: —¡Señor, sálvame! Al instante Jesús alargó la mano, lo sujetó y le dijo: —Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? Y cuando subieron a la barca se calmó el viento. Los que estaban en la barca le adoraron diciendo: —Verdaderamente eres Hijo de Dios."

Las tempestades en el lago de Genesaret son frecuentes: las aguas se arremolinan con grave peligro para las embarcaciones. El relato de Jesús andando sobre el mar lo relatan también San Marcos y San Juan. En cambio, San Mateo es el único que narra el caminar de San Pedro sobre las aguas.

El episodio muestra la grandeza y la debilidad de San Pedro, su fe y sus dificultades para creer: Dice Pedro: Mándame ir a ti sobre las aguas. (...) Y Él dijo: ¡Ven! Se bajó y pudo caminar sobre las aguas (...). Eso es lo que podía Pedro en el Señor. ¿Y qué podía en sí mismo? Sintiendo un fuerte viento, temió y comenzó a hundirse y exclamó: ¡Señor, perezco, líbrame! Presumió del Señor y pudo por el Señor, pero titubeó como hombre, y entonces se volvió hacia el Señor.

Continue Reading

Print Email

Domingo XVIII del T.O (A) (6 agosto 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (2 Votes)

multiplicacionpp

Milagro de la multiplicación de los panes y los peces
(San Mateo 14: 13-21)

El relato evangélico de la multiplicación de los panes y los peces en S. Mateo comienza con la reacción de Jesús cuando se enteró que Juan Bautista había sido decapitado por Herodes: “Jesús se alejó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado”.

El Señor estaba triste y conmovido por la muerte de su primo Juan, quería estar solo y meditar.

“Pero cuando llegó a la otra orilla, una multitud se reunió junto a Él y sus discípulos”.

El Señor se olvidó de sí mismo para ocuparse de cuantos habían acudido a Él. Curó a los enfermos y se compadeció de todos.

Ante el sufrimiento y la necesidad de los demás, tenemos que hacer como Jesús: olvidarnos de nuestros problemas y atender a quien nos necesite.

Llegada la tarde los discípulos le dijeron a Jesús: “despide a la muchedumbre para que vayan a las aldeas y compren alimentos”

Los discípulos al ver a tanta gente que no había comido, optaron por la solución más fácil para ellos. “Que se vayan a las aldeas y compren comida”. Esta actitud de los discípulos es muy frecuente; en lugar de afrontar los problemas e intentar darle una solución, quitarse el problema de encima.

En cambio Jesús hace frente al problema: “Dadles vosotros de comer”.

Continue Reading

Print Email

XVII Domingo del T.O. (A) (30 julio 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.50 (2 Votes)

perla

La parábola del tesoro escondido y la perla preciosa
San Mateo 13: 44-52

«El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.» «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.» 

Jesús nos llama la atención sobre la suerte incomparable y la ocasión única de ganar ese Reino. Encontrar un tesoro escondido era el sueño de muchos en la antigüedad. En una época sin bancos quedaba como único recurso seguro esconder la fortuna debajo de la tierra. Y si el poseedor murió sin desenterrarlo, un golpe de fortuna podía sacar a luz este tesoro.

El hombre en nuestra parábola parece ser un pobre jornalero. Él encuentra el tesoro, trabajando en un campo ajeno. Por eso tiene que vender todo lo que posee, para poder comprar el campo. Resuelta y alegremente aprovecha la única ocasión de salir de la miseria.

Por el contrario, el hombre de la segunda parábola es un rico comerciante mayorista en perlas. En aquel tiempo las perlas eran obtenidas en el mar Rojo y valían, además del oro, como máxima preciosidad. Él las adquiere de pescadores de perlas o de pequeños negociantes. También este rico aprovecha el caso fortuito, vende su propiedad y compra esta perla de gran valor.

Continue Reading

Print Email

XVI Domingo del T.O (A) (23 julio 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.75 (4 Votes)

buenasemilla-cizana

Parábola de la buena semilla y la cizaña
(Mt 13: 24-43)

Con gran sencillez y profundidad, como era habitual en el Señor, Jesús nos expone este domingo una serie de verdades que el mundo de hoy día tiende a desconocer, olvidar o rechazar.

  • El mundo fue creado por Dios. Todo lo que Dios creó era bueno (Gen 1:25). Dios no ha creado el mal; fue el maligno quien lo sembró en el mundo y en el corazón del hombre.
  • El maligno vino, cuando el hombre estaba descuidado, y sembró la cizaña.
  • En esta vida, la buena semilla (plantada por Dios) y la cizaña cohabitan. No se puede acabar con la cizaña; por lo que hay que aprender a no ser afectado por la misma. La cizaña puede ahogarnos y acabar con nosotros; pero el hombre, ayudado por Dios, puede protegerse, crecer y dar fruto. Es imposible para el hombre vivir en un ambiente totalmente puro y bueno; lo que tiene que hacer es no contaminarse con la cizaña. Por otro lado, la cizaña es útil para el hombre; pues le afirma en su fe, le ayuda a compartir la cruz de Cristo y en una palabra, le hace decidirse entre el bien y el mal.
  • Al final de los tiempos Dios mandará a sus ángeles para quemar la cizaña y recoger el fruto dado por la buena semilla. Llegará un tiempo, cuando Dios venga a juzgar al hombre, examinará su corazón; y les dará premio o castigo que serán eternos.
  • La cizaña arderá en el fuego eterno, mientras que la buena semilla brillará como el sol en el reino de su Padre.El Señor nos habla claramente de la existencia del cielo y del infierno. El hombre de hoy día tiende a olvidar estas enseñanzas o a no creer en ellas; pero el hecho de no creer en ellas no quiere decir que no existan.

Continue Reading

Print Email

XV Domingo del T.O. (A) (16 julio 2017)

1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Rating 4.67 (3 Votes)

parabola del sembrador

La Parábola del Sembrador
(Mt 13: 1-23)

La Parábola del Sembrador aparece en tres de los Evangelios: San Mateo, San Marcos y San Lucas. En los tres evangelios, sus escritores inspirados por el Espíritu Santo presentan la parábola y su interpretación como fue dada por el Señor Jesús.

 Un sembrador salió a sembrar su semilla; y al sembrarla:

  • Una parte cayó junto al camino, y fue pisoteada y las aves del cielo se la comieron.
  • Otra parte cayó sobre la roca, y tan pronto como creció, se secó, porque no tenía humedad.
  • Otra parte cayó en medio de los espinos; y los espinos, al crecer con ella, la ahogaron.
  • Y otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno.
  • Necesitamos tener un corazón recto y bueno para poder dar mucho fruto.
  • El que tiene este tipo de corazón persevera en la doctrina de Cristo especialmente cuando vienen los conflictos.
  • Un corazón bueno es aquel que no cede ante las tentaciones y que no cambia de opinión cuando vienen los problemas.
  • Los verdaderos creyentes deben examinarse cada día, para evitar que sus corazones se contaminen, y así poder crecer y dar el fruto que Dios espera.

¿Quién es el sembrador? El sembrador es Dios. La semilla es la palabra de Dios. Sembrar la palabra es predicar las enseñanzas del Señor. La tierra somos nosotros, aquellos sobre quienes cae la semilla sembrada por Dios esperando que crezca y dé fruto.

Continue Reading

Print Email

More Articles ...