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Breve Guía para el Adorador

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Adora a tu Señor en silencio. En el silencio del corazón Dios nos inspira y de ese modo nos habla. El silencio permite también respetar el diálogo íntimo y la oración de los otros. 

Sugerencias: Puedes leer un pasaje del Evangelio y meditarlo (en la capilla habrá algunos ejemplares del Nuevo Testamento) o bien traer tu Biblia y alabar al Señor con algún salmo (p. ej.  145, 146, 147) o simplemente hablar con El espontáneamente. El Señor es digno de toda alabanza, honor, gloria y acción de gracias. Agradécele por los beneficios recibidos, por el don de tu vida y por el de los otros, y por todos tus amigos, familiares; por cada cosa y sobre todo por esta gracia inmensa de poder adorarlo día y noche en esta capilla. Verás tú mismo cuántas son las cosas por las que debemos agradecer y alabar a nuestro Dios. Puedes también hablar con Él, contarle  tus problemas (claro que Él los conoce pero se complace que tú se lo digas y busques en Él la solución, la luz, la respuesta). Seguramente tendrás muchas personas por las que interceder. Recuerda que con tu adoración puedes reparar los sacrilegios, blasfemias, ultrajes e indiferencias cometidos contra Dios y todas las ofensas contra la Santísima Virgen y los santos. Desde luego, puedes sencillamente contemplarle en tu silencio, dejándote abrazar por su amor y recibiendo su paz. Puedes también rezar el Rosario, que es como contemplar a Jesús con los ojos y el corazón de María; así, por ejemplo, cuando medites el primer misterio gozoso ten presente que ese Jesús que está delante de ti en la custodia es el mismo que se encarnó en el seno de la Virgen María. Así también el que fue llevado por María a la casa de Isabel o el que nació en Belén...

La hora que tú pasas con el Señor no se mide en minutos sino en gracias, bendiciones, protección, frutos, mayor intimidad y conocimiento de Dios. Esa hora el Señor la bendice y multiplica en beneficios incalculables. Esa hora que tú le ofreces a Dios tiene valor de eternidad… ¡es una hora santa!  Dijo el Santo Padre Benedicto XVI: “Sin adoración no habrá transformación del mundo…Adorar no es un lujo, es una prioridad”.

Ten presente que si la capilla puede estar siempre abierta día y noche para que quien quiera que sea y a la hora que sea puede acercarse hasta el Señor y recibir Su Gracia (abundan los testimonios de personas que se encontraron con Dios porque la iglesia estaba abierta), es porque tú estás delante del Señor y mantienes abierta la capilla para que Jesús se encuentre con la gente. Que esto sea siempre un motivo de alegría y un aliciente más para tu fidelidad en la adoración. 

En la capilla hay algunos libros y opúsculos con oraciones que te podrán ayudar en cualquier momento. Trátalos con cuidado. 

Sé puntual a tu cita con Dios.

En ningún caso debe el Señor expuesto en el Santísimo Sacramento quedar solo. Siempre debe haber por lo menos un adorador en su presencia.  Recuerda que además de ser un motivo de alegría estar junto al Señor, es también una seria responsabilidad, pues sería un grave agravio a Jesús dejarlo solo y preferir estar con las cosas del Mundo antes que con El. Con todo, si en casos excepcionales tienes que irte y el Señor va a quedar solo, avisa en la oficina parroquial o bien al guardia de la parroquia. Pero nunca lo dejes solo.

Por ello mismo también, si, por una causa grave –debemos entender que el compromiso es importante  y que no podemos faltar fácilmente a nuestra cita de adoración- prevés que no podrás venir a tu hora, busca alguien que pueda sustituirte. Puedes buscar entre tus conocidos, parientes o amigos, o bien alguien de la misma hora de tu mismo día o de otro día de la semana (para ello se te suministrarán los números de teléfono de los adoradores de tu misma hora en toda la semana). Si ni siquiera así encuentras quien te reemplace avisa con tiempo a tu coordinador de hora. El te ayudará. Pero recuerda que para facilitar el buen orden es muy importante que seas tú mismo/a quien encuentres el sustituto.  

No olvides firmar el registro de presencias y de indicar la hora de ingreso y la de salida. En caso de sustitución debe también hacerlo el reemplazante.

Recuerda que amor, con amor se paga… Y Dios está en la Eucaristía por amor. Por lo tanto, haz de tu hora de Adoración una hora de amor… y verás qué feliz se pone Jesús.

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